Julio César Galicia Orizaba
"En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts'ui Pên, opta —simultáneamente— por todas. Crea así, diversos porvenires, diversos tiempos, que también proliferan y se bifurcan."El jardín de senderos que se bifurcan - Borges.
Conocer la naturaleza del tiempo es una problemática que, a lo largo de la historia, ha sido abordada por una gran cantidad de disciplinas. Prácticamente todas las áreas del conocimiento tienen interés en ampliar su saber sobre la temporalidad. El psicoanálisis no es una excepción.
Jacques Lacan, uno de los pensadores más importantes en el campo psicoanalítico, fue autor de una obra basta pero altamente heterogénea y poco sistematizada, esto le permitió abordar una gran diversidad de temas, entre ellos el tiempo. Lacan extrajo de su práctica clínica ciertas consecuencias sobre la temporalidad que aun ahora no dejan de ser interesantes y escandalosas.
Si el problema del tiempo ha sido una constante en el conocimiento humano, sería ilógico pensar que sólo en el psicoanálisis se han producido aportes de alto impacto y al mismo tiempo polémicos. No es así. No pretendiendo ser exhaustivo, se deben agregar aquí dos nombres. De manera independiente a Lacan (y este a su vez sin conocer a los otros), cada uno realizó su construcción teórica conforme a su campo del saber correspondiente, sin embargo las consecuencias sobre la temporalidad que surgen de sus aportes presenta coincidencias muy importantes.
Ilya Prigogine fue un pensador del siglo XX dedicado especialmente a la física y a la química. Prigogine abordaba las ciencias con una inquietud principal en mente: el tiempo. Llamaba su atención el hecho de que en las "ciencias duras" se habla de una temporalidad con ciertas propiedades que desafiaban la experiencia diaria, la reversibilidad por ejemplo. Siguiendo esta linea Prigogine desarrolló un concepto nuevo llamado "estructuras disipativas", el cual por supuesto lleva implícito una nueva propuesta de temporalidad. Este concepto le valió el premio Nobel de química de 1977.
Por su parte Tomás Ibañez es un psicólogo social contemporáneo y uno de los más importantes representantes de la psicología social construccionista. Esta corriente, también conocida como socioconstruccionismo, surge como reacción crítica a la postura dominante, el sociocognitivismo, y particularmente a su postura epistemológica que concibe al hombre como un simple espectador en el mundo, listo para ser estimulado por los objetos, y que construye el conocimiento en base a representaciones. Ibañez no se ocupa directamente del problema de la temporalidad, él se pregunta principalmente por la naturaleza del conocimiento y cómo este se genera, sin embargo su postura epistemológica y ontológica propenden hacia la concepción de tiempo que Prigogine intenta llevar a las ciencias naturales, y que por su parte Lacan observa y problematiza en el ser humano.
Hechas las presentaciones, es tiempo de conocer a grandes rasgos las propuestas de los tres autores que, a manera de diálogo ficticio, se podrán entrelazar generando una visión novedosa e interesante sobre la temporalidad.
El lenguaje como ventana epistémica.
Sin duda un acercamiento crítico y detallado hacia el lenguaje permite situar ciertas implicaciones que por lo general se pasan por alto. Al partir de ahí, desde una lente enfocada con la graduación sassuriana, Lacan hace lo propio. Su conocida fórmula "el inconsciente está estructurado como un lenguaje" sintetiza, de forma muy condensada, su teoría, pues es de esta concepción que se desprenden los rasgos más importantes de la misma. Es necesario entonces conocer las características de "un lenguaje" para saber por qué el inconsciente se estructura como uno.
El desarrollo de Ibañez inicia, justamente en una aproximación similar. Este autor propone que, contrario a lo que sostienen los sociocognitivistas, el lenguaje no corresponde con aquello que intenta representar. Esta observación no es nueva por supuesto, sin embargo Ibañez, y el socioconstruccionismo en general, no se detienen ahí, desprenden de ello principalmente dos consecuencias importantes, la primera de tipo ontológico y la segunda de tipo epistemológico.
Si el lenguaje no tiene correspondencia con aquello que intenta representar y encima es arbitrario con respecto de ello, entonces, ¿qué conocemos cuando conocemos?, ¿cómo producimos conocimiento? Gracias a la observación social, Ibañez asegura que el conocimiento es una construcción que surge del choque entre el lenguaje y los fenómenos que se intentan describir con el mismo, observa que a pesar de la no correspondencia, el conocimiento sigue emergiendo y la vida social funcionando. Arguye entonces que el conocimiento no sólo se constituye basado en el fenómeno "real" que sucede, sino que también se sirve como fundamento del lenguaje que se utiliza para describir, y por tanto construir, dicho fenómeno. Lo anterior explica que cada comunidad tenga cierta particularidad en su conocimiento que les permite funcionar a pesar de la "ignorancia" de las "verdades" de otras comunidades.
Usa un ejemplo sencillo: nosotros podemos describir un objeto por su facilidad para ser tomado por nuestras manos, podemos decir que algo tiene el atributo de poder asirse mientras otro algo no la tiene, un lápiz y el agua por ejemplo. El primero puede ser descrito como un objeto que se puede asir, no se puede decir lo mismo del agua o del aire, sin embargo esto no implica que el objeto tenga por sí mismo el atributo de poder asirse o no, si se cambia de herramienta, si se usa otro camino para describir el objeto, este atributo cambiaría. Si por ejemplo, existiera una clase de humanos con manos en forma de cuenco y sin dedos, ellos podrían afirmar que el agua es un objeto que se puede sujetar, pero un lápiz no. Cualquiera de las dos aseveraciones puede considerarse como un conocimiento válido, pues como ya se mencionó, el saber surge apoyado en ambos elementos, el objeto o fenómeno y el lenguaje o "camino" que se utiliza para aproximarse a él.
Si de un mismo elemento o fenómeno se pueden generar dos descripciones distintas, o incluso opuestas como se ve en el ejemplo anterior, con igual validez, es obvio entonces que el conocimiento no es único. El conocimiento no es único porque, justamente como se menciona en el ejemplo, los objetos no llevan consigo sus atributos que esperan a ser descubiertos por el hombre, sino que este último los crea al describirlos con un lenguaje en particular; el conocimiento es una contingencia. Los objetos y fenómenos no anidan un núcleo "duro" de realidad esperando a que la ciencia encuentre el camino (lenguaje) verdadero y único para describirlo de forma precisa. El objeto no preexiste. Esta es la primer consecuencia, la ontológica, que señala el error esencialista que muchas posturas aceptan sin cuestionarse e incluso sin darse cuenta, donde suponen una esencia que define a los objetos.
La consecuencia epistemológica surge con tan sólo dar el siguiente paso una vez rechazado el esencialismo. Aceptando que en los objetos no preexiste una esencia que define sus atributos y que espera pacientemente a ser percibida, se debe aceptar también que el conocimiento no es una representación de la misma. No existe un conocimiento más fiel a "la realidad" porque sencillamente la realidad es una construcción y su edificación depende de la interacción entre el lenguaje y el conocimiento. A nivel epistémico no se puede ser representacionista pensando que existe un método único y preciso para acercarse a la realidad.
En su seminario de 1955 titulado "Las psicosis" Lacan mencionaría lo que hasta ese entonces era "el gran secreto del psicoanálisis": la inexistencia de la psicogénesis. Contrario a lo que la mayoría de los psicoanalístas afirmaban, e incluso donde el mismo Freud trastabilló, el psicoanalista francés atacó directamente las concepciones psicogenéticas. Y el sitio hacia donde apuntaba con esto presenta una correspondencia importante con la visión socioconstruccionista.
El punto importante de la psicogénesis es que no se le puede desligar de la comprensión y en cierta medida son lo mismo. Propugnar la psicogénesis significa admitir que los efectos psíquicos pueden ser determinados por las causas que los provocan, sean estas externas o internas, se asegura un conocimiento tal de las mismas, que permite predecir e incluso provocar efectos a voluntad. De manera que, por ejemplo, si alguien es engañado sabríamos que se convertiría en desconfiado porque comprenderíamos que ello es así. Bajo esta visión se da por aceptado cierto orden, cierta geometría de la dinámica psíquica que permite enlazar lisa y llanamente los efectos con las causas.
Lacan ataca la psicogénesis justamente porque no acepta una ontología esencialista y por tanto una epistemología representacionista. Ese orden que se acepta desde la posición psicogenética es el que enlaza la esencia con la representación. Habría entonces un camino que la psique sigue para convertir causas en efectos, dicho camino se estudiaría por la ciencia psicológica; se supone entonces algo que está ya dado, que prexiste y define el objeto (en este caso la dinámica psíquica), y que por lo tanto genera ciertas representaciones, unas más equivocadas que otras, de la realidad. Es una vía para involucrar la normalidad, se traza un camino "normal" que debe tener correspondencia con la esencia. Todo aquello contra lo que Ibañez también toma partido.
No hay esencia, tampoco hay representaciones, y por tanto tampoco el enlace entre ambos, la psicogénesis. Pero entonces, ¿qué sí hay? Una de las conclusiones de Ibañez es que el conocimiento tendría que considerarse una estructura contingente, efímera y en cambio perpetuo. La clínica psicoanalítica, estaría de acuerdo en que su práctica se funda justamente en características iguales; los padecimientos son contingentes pues surgen de situaciones que solo atañen a quien los vive, son construcciones efímeras que sólo encuentran terreno fértil en la singularidad del sujeto y que con toda seguridad no volverán a presentarse exactamente de la misma forma en otra persona, lo que arroja por supuesto la imposibilidad de universalizar este conocimiento. Así como en el supuesto de los dos tipos de humanos con manos distintas, universalizar un conocimiento sería la supresión de la particularidad del otro. De esa manera el analista debe inventar el análisis cada vez que lo practica, pues en cada análisis, e incluso en cada sesión con el mismo analizante, se enfrenta ante estructuras contingentes, efímeras y en constante cambio.
Por lo tanto, lo que hay son estructuras imprevistas, de corta duración y en constante transformación. Prigogine estaría de acuerdo y además mencionaría las consecuencias que esto tiene en la dimensión temporal.
Las estructuras disipativas o la falacia del tiempo continuo.
Ilya Prigogine no parte del lenguaje, sin embargo llega a conclusiones epistémicas y ontológicas iguales que las de Ibañez y Lacan. Prigogine comienza a abordar la ciencia con una observación en mente: la particularidad del tiempo propuesto por la ciencia. Él encuentra ciertas características en la temporalidad científica que llaman la atención, ¿por qué podemos observar que un sistema tiene cierto estado, llevarlo a otro y posteriormente revertir ese cambio para llevarlo a su estado inicial?, se plantea en las ciencias naturales un tiempo tan moldeable que prácticamente no existe. Si es posible revertir un sistema hasta exactamente el mismo estado que tuvo un tiempo atrás, entonces, ¿de qué transformación estamos hablando?, ¿qué fue lo que se transformó si al final todo quedó igual?, ¿existe el tiempo bajo esta visión? Si se puede revertir los estados de los sistemas el tiempo pasa a ser un mero accesorio que depende de la voluntad.
Interesado en la termodinámica, Prigogine comenzó a observar estas transformaciones tan efímeras, que parecían no dejar huella de su paso. Prontamente llegó a conclusiones de sumo interés. Se dio cuenta de que esta propiedad de ser reversible aplicaba para los sistemas en equilibrio donde la materia es estable (los cuales a su vez son las excepciones), no siendo así para los sistemas conocidos como de "no equilibrio". En estos últimos la materia es inestable, siempre aparecen nuevos estados físicos de la materia, hay riqueza y multiplicidad de comportamientos que requieren de la historicidad para ser aprehendidos.
Continuando su trabajo llegó a proponer lo que hoy conocemos como "estructuras disipativas", las que justamente aparecen de forma contingente, efímera y en cambio constante. Las estructuras disipativas serían aquellas que de forma coherente y autoorganizada, aparecen lejos del equilibrio como una nueva fuente de orden. Un ejemplo esclarecedor es el siguiente: una olla contiene cierto nivel de agua, esta última comienza a calentarse debido a la flama que incide directamente en la base de la olla, de esta manera dentro de la olla el agua presentaría un espectro de temperatura, siendo la más caliente aquella que se encuentra en la base mientras que la más fría se encontraría cercana a la superficie, las temperaturas intermedias se encontrarían dispersas bajo la misma lógica, entre más cercana a la base más caliente y entre más alejada de la misma más fría; por conducción la temperatura se transmite de abajo hacía arriba, entre el contacto de las mismas. La inestabilidad y por tanto el desequilibrio suceden cuando se rebasa cierto límite, en este caso la temperatura se transmite también por convección; se forman vórtices que transmiten el calor a través del líquido de una forma completamente distinta a la simple conducción.
Analizando la probabilidad de que lo anterior suceda, se llega a la conclusión de que es prácticamente imposible, más aun, es imposible predecir el momento, la posición, la magnitud, etcétera, que estos vórtices tendrán cuando aparezcan. Aparece entonces la necesidad de un tiempo diferente al acostumbrado, aunque el sistema pueda ser llevado de nuevo al equilibrio (la temperatura inicial), la aparición de esos vórtices, de esas estructuras disipativas, será irrecuperable e irrepetible.
Prigogine llega a la conclusión de que introduciendo la historicidad en los sistemas, estos tendrían nuevas características que deben ser tomadas en cuenta: inestabilidad y bifurcación, todo sistema puede ser llevado a la inestabilidad, únicamente requiere que las condiciones específicas que lo desequilibran sucedan y, en este estado sucede la bifurcación, el sistema "elige" una de las infinitas posibilidades que puede tomar para "ser" inestable; y la irreversabilidad, aun cuando un sistema pueda ser llevado de vuelta a sus condiciones iniciales, existe un rodeo que dio vida a diversas contingencias irrecuperables, además, dichas contingencias por sí mismas también son irreversibles.
Una consecuencia interesante que se desprende de lo anterior es que un sistema, después de pasar por una estructura disipativa, puede alcanzar un estado de equilibrio distinto al inicial que prácticamente no tendría nada que ver con este último. Debido a la naturaleza azarosa de las estructuras disipativas, el estado final no se puede enlazar lisa y llanamente con el inicial, de manera que dos sistemas que parten con las mismas condiciones iniciales pueden transformarse en sistemas muy diferentes después de un tiempo. ¿No es esto lo que sucede con la humanidad?, dos gemelos con las mismas "condiciones iniciales" pueden terminar convirtiéndose en el opuesto del otro.
Para Prigogine entonces, igual que para Ibañez, no existe un sistema en equilibrio que lleve consigo la esencia que lo define, es imposible recuperar aquel rodeo que el sistema dio para llegar al momento en el que está, por lo tanto tampoco se puede hablar de representaciones exactas y fieles, sino únicamente de probabilidad; y de acuerdo con Lacan cuando destierra la psicogénesis, Prigogine reniega de establecer un enlace único y cerrado entre condiciones iniciales y condiciones finales.
Por otro lado, un tiempo "bifurcado" e irreversible es similar al que envuelve al psicoanálisis. A lo largo de su enseñanza Lacan aborda la cuestión del tiempo y, de forma un tanto disimulada, arroja una concepción sobre el mismo. Hace lo anterior empleando el famoso termino freudiano "nachträglich", el cual traduce como "apres coup", literalmente "con posterioridad" o a posteriori.
Con el término "apres coup" Lacan muestra que la temporalidad del psicoanálisis es distinta a la del sentido común o del conocimiento popular, no se trata de una linea recta continua que el ser humano va recorriendo, en donde su posición sería el presente, lo anterior el pasado y lo posterior el futuro. Un poco más confusa, la temporalidad de Lacan señalaría que el tiempo se bifurca infinitamente con cada paso que se da, cada acto y decisión realizados por el sujeto equivale a una "bomba semiológica", una explosión de significados que tiende al infinito, de manera que necesariamente al sujeto se le escapan todas las posibles significaciones de su actuar. El sujeto es superado por los significados que provoca, por lo tanto, a cada paso que da en el tiempo, la persona deja una serie de bifurcaciones [estructuras disipativas] que, aunque ignoradas, no dejan de tener efecto en su vida. Este es el efecto del "apres coup", cuando una situación posterior recupera el significado potencial que se había dejado de lado para cierto acto.
A modo de conclusión
Aquí confluyen Prigogine, Ibañez y Lacan, reivindicando la posición de la contingencia y de lo efímero. No hay un núcleo esencial de realidad sobre el cual basarse, por lo tanto el desarrollo de los sistemas, el ser humano incluido, se basa en la aparición de estructuras disipativas, contingentes y efímeras, de las que no se puede tener una representación fiel. Se vuelve entonces necesario introducir la dimensión temporal, pero se propone un tiempo que, por servir como habitad de estructuras impredecibles y efímeras, es "bifurcado" e irreversible. El sujeto cree elegir una de varias alternativas, pero en realidad, sin darse cuenta, las elige todas, las otras, las "no elegidas" quedan latentes, esperando que una futura revisión las reivindique a la historia oficial. El regreso al inicio es una ilusión, por lo tanto el tiempo es asimétrico.
Prigogine propone a los científicos el planteamiento de una nueva racionalidad que comprenda y pondere esta nueva temporalidad; Ibañez hace un llamado a los psicólogos para que base a esta ontología y epistemología se realice una continua revisión de la psicología; Lacan llama a los psicoanalistas a evitar el simplismo y extrae las consecuencias prácticas de estas concepciones para su quehacer clínico.
Justamente esta relación entre sujeto y tiempo es la que sirve como principal apoyo al análisis, no se trata de invocar el pasado para "sanar" un trauma que impidió el desarrollo normal del sujeto, sino de que el analizante se de cuenta, desde el presente, que su pasado, presente y futuro, pueden ser reinterpretados si toma en cuenta esas estructuras disipativas que dejo de lado y que justamente lo pueden conducir hacia otro estado diametralmente distinto al que tiene al inicio del análisis. Es, como lo dice Clément en la cita que a manera de epílogo se copia a continuación, el "tiempo del milagro":
"Lo que se realiza en mi historia no es el pretérito definido de lo que fue puesto que ya no es, ni siquiera el perfecto de lo que ha sido en lo que yo soy, sino el futuro anterior de lo que yo habré sido para lo que estoy llegando a ser [...] yo habré sido esto — el niño mudo, el niño colérico, el niño con la fantasía del lobo, el hijo perdido, la hija abandonada— hasta el tiempo que se precisaba para decirlo. Pero una vez dicha la cosa ya voy siendo otra cosa."— Clément, C. Vida y leyenda de Jacques Lacan, Ed. Anagrama, Barcelona, 1981, p. 120.[...] El futuro anterior es el tiempo del milagro, el de la curación.
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