Queridos hermanos quiero compartirles una sospecha que he tomado de huésped desde hace algún tiempo. Bien puede tratarse de una manifestación clara de un síntoma paranoico, una ilusión, un delirio; ó bien, puede que mis ojos hayan alcanzado a ver un poco más que los de la mayoría, no por virtud sino por ocio. Pero ustedes tendrán que decidir cual es la realidad.
Para ello tendré que contarles cómo he llegado a mi hipótesis, el camino que recorrí y mi metodología, también he de agregar que contaré las cosas tal cual las he ido descubriendo, que no les extrañe encontrar algunas contradicciones al avanzar la lectura, pues yo mismo me he visto sorprendido al enfrentarme a algunos hechos. Por lo tanto la extensión de este relato será basta y me veré obligado a dividirla en varios episodios. Aquí encontrarán el primero, la introducción.
"El animal olvidado"
Sé que parece una locura, pero creo haber descubierto la existencia de un animal que no se encuentra registrado en ningún libro o compilación sobre biología, incluso no lo he hallado descrito de forma explícita tampoco en la literatura de ningún tipo, ni siquiera en la mitología.
La situación anterior me preocupa sobre todo por ser una criatura sumamente agresiva y por tanto peligrosa, además, esta última característica se ve enfatizada por un hecho increíble: este organismo es antropófago de forma exclusiva, ó en otras palabras se alimenta únicamente de carne humana.
El habitad de estos animales favorece su desconocimiento popular, vive bajo la tierra y no abandona su hogar más que para cazar, actividad que realiza de una forma tan peculiar y efectiva que ha logrado acompañarnos como especie desde el principio de la historia (y probablemente desde antes) sin que nadie, a excepción de algunos cuantos locos, hayan siquiera sospechado de su existencia.
Puedo asegurar que mucha gente ha muerto bajo el ataque de estos bichos, yo mismo he observado algunos ataques e incluso puedo jactarme de haber sobrevivido a uno de ellos... claro, si es que a esto le podemos llamar "sobrevivir".
Algunos podrían decir que el ataque del que fui víctima es suficiente para comprobar su existencia, pero yo no me lo creo, primeramente porque cuando sucedió yo ni me enteré de lo que pasaba y en segundo lugar porque no confío del todo en mi memoria, me ha traicionado ya varias veces. En consecuencia me he visto en la necesidad de buscar más evidencias que apoyen mi hipótesis. Las he encontrado, pero de ellas conocerán los detalles en la segunda parte.
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