Deja de modelarme a tu figura. El frustrado artista que nunca pudo superar su tormenta de amargura regresa ahora siendo un caprichudo. Juegas desgraciado a Dios vanidoso, altivo y desmedido, que habitando su ya ahogado mundo doloroso, por todas partes hoy lo va prestando. Confundiendo tus manos con el viento quien humildemente acaricia y toca, crees ser tú aquello que feliz siento cuando mi soledad al aire evoca. Conocer el mundo entero, tu sueño, pretendes completar al ignorar su inmensa complejidad, y por ello celebras a tus sombras proyectar. Deja a los pájaros hacer su vuelo, no los limites a tu tragaluz, eres libre, engañate con tu velo, pero a mí no me claves en tu cruz.