Asistir a una clase donde Gastón se encuentra como profesor titular es una experiencia nueva. Esta sentencia, en apariencia sencilla y casi pueril, no es una inocente observación, lo afirmo con todo el peso y anchura de quien sabe que el lenguaje es una manera de hacer contacto con la realidad. Acostumbrado a deambular por el repetitivo laberinto que emerge del cansado método de las clases tradicionales, cuando un estudiante se topa con una asignatura donde el planteamiento de la relación maestro-alumno es radicalmente distinto, no resulta exagerado compararlo con el viajero extraviado que encuentra un punto de referencia, una coordenada. Esta analogía no es casual, el viraje que sugiere este encuentro, y esto es lo verdaderamente importante, no es superficial. No es del todo extraño conocer algunos docentes cuyas técnicas pedagógicas se desvían de la norma, resultando de ello momentos de clases diferentes, pero se trata en dicho caso de algo superficial, un artificio que se pone al se...