— ... yo prefiero que esté dormido, — decía mi madre — si el perro se pone activo va a dar mucha lata, va a querer que juguemos con él y después, de tanto andar corriendo, le va a dar hambre otra vez y va a comer su porción de mañana. Mejor déjalo así, dormido, al fin y al cabo se ve bonito ahí, soñando. — yo escuchaba la justificación de porqué prefería tener al perro postrado, más del lado de los muertos que de los vivos, e inmediatamente me acosó una duda inquietante: ¿cuánto tiempo falta para que salga a luz una nueva entidad clínica que permita diagnosticar a un perro como hiperactivo? La respuesta me llegó casi de inmediato. Sólo falta que inventen la medicina.