Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2014

Cómo ocurrió...

— ... yo prefiero que esté dormido, — decía mi madre — si el perro se pone activo va a dar mucha lata, va a querer que juguemos con él y después, de tanto andar corriendo, le va a dar hambre otra vez y va a comer su porción de mañana. Mejor déjalo así, dormido, al fin y al cabo se ve bonito ahí, soñando. — yo escuchaba la justificación de porqué prefería tener al perro postrado, más del lado de los muertos que de los vivos, e inmediatamente me acosó una duda inquietante: ¿cuánto tiempo falta para que salga a luz una nueva entidad clínica que permita diagnosticar a un perro como hiperactivo? La respuesta me llegó casi de inmediato. Sólo falta que inventen la medicina.

¡Hey!, te estoy amarrando los pies, ¡sonríe!

Encontrar a un burócrata amable es lo peor. Uno puede manejar la prototípica cara estirada, voz sin ritmo y actitud desconectada de un tipo que se gana la vida realizando el mismo trámite una y otra vez. Es lo esperado, no hay alma alguna que esté dispuesta a burlar las brumosas losas de enfado que la repetición continua va fermentando en el cuerpo, sólo para asomarse a mirar esa rutina. Pero en este tiempo hay una nueva máscara burocrática. Ahora se lidia con la juiciosa señora encargada de renovar las identificaciones, que de manera maternal y mirándote con compasión, te señala el viacrucis que debes seguir para comprobar que tú eres tú; o con el gris académico encargado de algún departamento que alude al lenguaje coloquial para relajar el ambiente y que termines aceptando de buena gana que tu trámite no estará hoy, ni mañana, ni la próxima semana porque otro alguien no está en su oficina para responder una llamada. Es como si dieran por hecho que todos los que no pertenec...