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Mostrando entradas de 2012

Si me olvidas

No sabes a lo que condenas Que sin ti no sé que soy, No son hacia ti mis cadenas Eres más bien sujetador Si de tu memoria despejo El mundo me verá absorto Que de tus ojos mi reflejo Es lo único que soporto

Evidencias fenomenológicas que permiten deducir la existencia de un animal olvidado

La historia inicia una tarde, salí a dar un paseo sin ningún objetivo en particular, de esos que solemos llamar "recreativos", claro que al colocarle ese adjetivo me di cuenta de que en realidad la actividad sí tenía un propósito concreto y entonces caí en la cuenta de que había sido víctima de una mentira contada por mi mismo, pensé: ¿con qué motivo me tomé el pelo?, ¿esto me sucede seguido y no me doy cuenta? Estas y otras cavilaciones todavía más inútiles (si es que cabe) pasaban por mi mente entreteniéndola y provocando que resbalaran las llaves de mi mano, con un movimiento rápido me agaché para recogerlas y en el mismo acto, con el rabillo del ojo, noté una pequeña sombra que se alejaba de mi talón rápidamente, desapareció antes de que pudiera enfocarla con mi mirada. No pensaba darle mayor importancia al asunto, un simple reflejo o hasta un engaño perceptual, pensé, no sería el primero ni el último en mi vida, pero mis llaves habían quedado un paso atrás de mí y al ...

El temeroso

ACLARACIÓN: Este relato no tiene ninguna relación (narrativa, al menos) con "El animal olvidado", tómenlo como intermedio. Hace algunos años viaje a un bonito país donde encontré gran variedad de fauna que no conocía. Aunque había algunos animales que se parecían bastante a los de mi tierra, la verdad es que muchos tenían algunas características que los diferenciaban claramente. Un ala extra, ojos más grandes, orejas más pequeñas; estos animales tenían una anatomía que le concedía identidad propia, incluso me topé con uno de extremada belleza, alas grandes y hermosas, con un canto espectacular que fácilmente rendiría a sus pies al guerrero más fiero. Cierto es que me costaba trabajo desviar mi vista del animal majestuoso, pero cuando me di el tiempo observé un espécimen en particular quien es el protagonista de esta historia, lo llamaremos "el temeroso". ¿Por qué?, bueno, su comportamiento lo amerita. Esta curiosa criatura se encontraba aislada, separad...

El animal olvidado, parte uno: Introducción e hipótesis.

Queridos hermanos quiero compartirles una sospecha que he tomado de huésped desde hace algún tiempo. Bien puede tratarse de una manifestación clara de un síntoma paranoico, una ilusión, un delirio; ó bien, puede que mis ojos hayan alcanzado a ver un poco más que los de la mayoría, no por virtud sino por ocio. Pero ustedes tendrán que decidir cual es la realidad. Para ello tendré que contarles cómo he llegado a mi hipótesis, el camino que recorrí y mi metodología, también he de agregar que contaré las cosas tal cual las he ido descubriendo, que no les extrañe encontrar algunas contradicciones al avanzar la lectura, pues yo mismo me he visto sorprendido al enfrentarme a algunos hechos. Por lo tanto la extensión de este relato será basta y me veré obligado a dividirla en varios episodios. Aquí encontrarán el primero, la introducción. "El animal olvidado" Sé que parece una locura, pero creo haber descubierto la existencia de un animal que no se encuentra registrado en ningún l...

Pregunto

¿Habremos pues de resignarnos Buscar lo que no existe Soñar con estar despiertos Quitarle un ojo al tuerto Señalar a quien no viste Y que la vida se encargue del resto?

Un minuto

Un minuto es un regalo invaluable. Varios universos se crean y se destruyen en un minuto. El de los desconocidos que se miran por primera vez. El de quien disfruta de un buen café. El de los enamorados que se regalan un beso. El del jardinero que siembra un cerezo. El del niño que recibe a quien espera. El del hombre que se agota y se desespera. El del corazón que se le acaba la cuerda. El de la tijera que el cordón quebra. En un minuto nacen varios niños y mueren hombres viejos. Basta un minuto para conocerte y otro para perderte. Pero el minuto más venerado y agraciado, es el de aquel afortunado, que lo regaló escribiendo esto, para que tu, en un efímero minuto, lo leas emocionado.

Soledad

Me parece curioso que fuera precisamente hoy pero pasó, hoy me vino un "recuerdo". No me sobran las comillas pues desde hace algún tiempo no confío completamente en mi memoria, menos cuando se trata de recuerdos emocionales y menos aun cuando dichas memorias pertenecen a la infancia, pero a pesar de todo recordé. Recordé gracias a mi perro. El can tiene la simpática costumbre de buscar algún acompañante humano que se halle en reposo, ya sea sentado o acostado, para colocarse a su lado y dormir placidamente. Hoy me buscó a mi y después de acostarse no pasaron cinco minutos cuando ya dormía, sin embargo y para la eterna inconformidad de mi querida mascota es imposible que yo o cualquier otra persona de la casa permanezca durante el día (pues sin duda en la noche sucede) por mucho tiempo en el mismo sitio, así que pasados unos diez o quince minutos me levanté despacio, con delicadeza, buscando no molestarlo demasiado, claro que de cualquier forma se despertó, pero mi propósito...

La cita

Media hora era demasiado tiempo. Es cierto que cuando alguien se cita con otro alguien la norma social y el buen juicio en general sugieren que si se llega a la hora exacta de la reunión habrá que esperar un tiempo determinado a que la otra persona aparezca, incluso hay quien asegura que el organizador debe demostrar su buena educación llegando entre cinco y diez minutos tarde para dar el espacio suficiente a quien haya sufrido algún imprevisto que le impidió arribar a la hora acordada. Pero media hora era demasiado tiempo, mas aun, conociendo a su amigo desde más de diez años atrás, Jorge había logrado identificar sus costumbres más importantes, era un hombre de hábitos, metódico, casi obsesivo, no solía llegar tarde más allá de los cinco minutos "de educación", más raro era el hecho de no haber recibido una llamada de su citado cuando entre ellos existía la máxima confianza para hablar, incluso de cosas que no deben ser habladas. Lo natural y normal que había ocurrido ...