Un minuto es un regalo invaluable. Varios universos se crean y se destruyen en un minuto. El de los desconocidos que se miran por primera vez. El de quien disfruta de un buen café. El de los enamorados que se regalan un beso. El del jardinero que siembra un cerezo. El del niño que recibe a quien espera. El del hombre que se agota y se desespera. El del corazón que se le acaba la cuerda. El de la tijera que el cordón quebra. En un minuto nacen varios niños y mueren hombres viejos. Basta un minuto para conocerte y otro para perderte. Pero el minuto más venerado y agraciado, es el de aquel afortunado, que lo regaló escribiendo esto, para que tu, en un efímero minuto, lo leas emocionado.